Volamos hasta Leticia y lo primero que se siente es el cambio de mundo: el aire, el ritmo, la energía del río cerquita. Este día es para aterrizar con calma, explorar un poco la ciudad, comprar lo que haga falta y empezar a entrar en “modo Amazonas”.
Por la noche nos sentamos a cenar y pasa lo inevitable: el grupo se empieza a cuajar. Primeras risas, primeras historias, y esa sensación de “ok… esto se viene bueno”.
Muy temprano nos montamos en bote y nos adentramos en la selva hacia nuestra base: una estancia en medio del Amazonas que es un highlight por sí sola. No es un hotel “cualquiera”: son malocas/cabañas eco-concebidas, con confort real para descansar bien (baño privado, camas con mosquitero, terraza para ver el verde sin esfuerzo) y espacios comunes pensados para compartir. 
Llegamos, hacemos check-in y arrancamos con el primer golpe de realidad amazónica:
Visita al santuario de micos (Maikuchiga)
Vamos al trabajo de rehabilitación y reinserción de monos rescatados, una experiencia bonita porque no es show: es conservación real. Caminas cerca, con impacto mínimo, y los ves moverse como si te estuvieran recordando quién manda aquí. 
Lo que vas a ver: micos… y luego más micos.
En la tarde: almuerzo, descanso y tiempo para instalarnos y explorar la reserva. Ese ratito es oro: caminar por la orilla, sentarte en la terraza, escuchar la selva trabajar.
Noche — Caminata nocturna por la reserva
La selva de noche es otro planeta. Salimos a caminar suave, con guía, y todo se vuelve más intenso: sonidos, sombras, ojos que brillan de lejos.
Lo que podrías ver: tarántulas, escorpiones, serpientes (tranqui, con guía y respeto), y aves nocturnas
Hoy es el día para los que quieren decir “yo estuve ahí” con propiedad.
Trek en selva: Macedonia
Nos metemos más profundo con guía local. La ruta se adapta al grupo (aventura suave, pero con opción de apretar si alguien tiene ganas). Lo brutal del Amazonas es que no necesita efectos especiales: el verde es infinito y, de repente, aparece un árbol que parece de otra era.
Lo que podrías ver: varios tipos de micos, árboles gigantes y vida por todas partes.
Tarde: Avistamiento de delfines rosados
Subimos al bote con la cámara lista. El Río Amazonas tiene criaturas que parecen inventadas, y el delfín rosado es una de ellas. Verlo asomarse es de esos momentos que te dejan sonriendo sin razón.
Lo que podrías ver: delfines rosados y delfines grises.
Canoa nativa en un lago
Ver el Amazonas desde un lago escondido es distinto a todo: más calma, más reflejo, más “estoy aquí de verdad”. Vamos en canoa nativa y el plan se vuelve casi meditativo: remar suave, observar, escuchar.
Lo que podrías encontrar: pirañas, micos, nutrias, aves.
Visita cultural: Comunidad de Macedonia
Macedonia es hogar de parte del equipo local y se siente: no llegas como turista a mirar, llegas a conversar, aprender, compartir. Es el tipo de visita que te ubica: cómo se vive aquí, qué se cuida, qué se celebra. Puede incluir ceremonia, música tradicional, baile y artesanías.
Taller de plantas medicinales
Con un experto de una comunidad vecina, hablamos de plantas y medicina natural: usos, conservación, y cómo hoy (todavía) muchas comunidades dependen de este conocimiento. Es uno de esos espacios que te hacen ver la selva no solo como paisaje, sino como farmacia, escuela y memoria.
Noche: Avistamiento de caimanes
Al final de la tarde vamos hacia Vergel y arrancamos la búsqueda nocturna con guía local. La adrenalina aquí no viene de correr: viene de mirar bien, de aprender a detectar vida entre reflejos y silencio.
Lo que podrías encontrar: caimanes y otra fauna nocturna (según temporada y suerte)
Mañana tranquila. Desayuno sin afán, últimas fotos, último rato de terraza/verde alrededor. A las 11:00 am tomamos el bote de regreso a Leticia y luego vuelo a Bogotá a las 17:50.
Te vas con dos cosas: el cuerpo descansado… y la cabeza como más limpia.
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La selva te baja el volumen por dentro
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Algunas preguntas frecuentes
Fácil: pagas un depósito de 500€ y tu plaza queda bloqueada. Luego te mando el enlace para pagar el resto.
El viaje debe estar pagado al 100% como máximo 50 días antes de la salida.
(Esto es para poder cerrar vuelos internos, alojamientos y transportes con tranquilidad.)
Sale si llegamos a mínimo 7 personas (grupo pequeño, buen ambiente, cero “turismo de rebaño”).
Si no llegamos al mínimo, se cancela y te devuelvo el 100% de lo pagado. Sin dramas.
Sí. Solo ten en cuenta que mientras más se acerca la fecha, más cosas quedan reservadas/pagadas y menos se puede recuperar.
•Hasta 75 días antes: reembolso total.
•Entre 74 y 51 días antes: se retiene el depósito (500€)
•Entre 50 y 15 días antes: penalización del 20% + lo comprado a tu nombre (si aplica).
•14 días o menos / si no te presentas: 50% de penalización + lo comprado a tu nombre (si aplica).
En cristiano: antes de 75 días estás súper cubierto. Después ya empezamos a cerrar reservas y ahí cambia el juego.
Cosas que van con tus datos y normalmente no se devuelven fácil: por ejemplo vuelos internos o entradas nominativas (tipo Tayrona). Si eso ya está emitido, puede ser no reembolsable.
Sí. Seguro obligatorio sí o sí, pero lo compras por tu cuenta (así eliges el que te guste). Te pediré el justificante.
